MI SUGAR DADDY

En estos tiempos donde la plata es escasa, la vida costosa y los trabajos mal pagos, la mente suele ponerse creativa. Estoy cursando octavo semestre de derecho en una de las universidades más prestigiosas de la ciudad de Bogotá, Colombia. Tengo 25 años y puedo decir que soy una de las ¨bendecidas y afortunadas¨ que abundan en mi país por tener un Sugar Daddy.

Para algunos el término ´Sugar Daddy´ puede sonar ambiguo, pero es una manera más elegante y novedosa para hablar de prostitución. En mi caso nunca lo he visto de esta manera, y pronto les contaré por qué. La traducción al español de esta expresión es  ´Papi de Azúcar´ o ´Dulce Papi´ lo cual suena ilógico, pero en realidad es como ´Mi Papi Rico´ y entiéndase rico NO por estar bueno físicamente, sino por ser millonario.

Comencé a cursar mi octavo semestre en Derecho y para ese entonces la economía en mi familia no andaba bien, por lo cual empecé a trabajar como mesera en uno de los bares de la Zona G de Bogotá. Uno de los lugares más prestigiosos y visitados por las personas adineradas de la ciudad. Debo confesar que me encantaba mi trabajo, recibía buenas propinas, mi jefe era flexible y amable; además usaba un uniforme sexy y servía tragos caros, ésto me hacía sentir como toda una bailarina de las Vegas.

Entre tantos afanes de la universidad y mi trabajo nunca prestaba atención a los tipos que asistían al bar, para mi solo era un cliente más con cara de signo pesos en la frente. Eran muchos los hombres que asistían a ver las niñas lindas del club, entre ellos comencé a distinguir a uno, un varón en especial que me era familiar. Fue ahí cuando le pregunté a una de mis compañeras del bar y de universidad:

Mónica, ¿vos sabes quién es ese tipo de gabardina verde que está sentado en ese rincón de la izquierda?.

Sí, pero cómo ¿es enserio la pregunta? o me estas molestando-responde Monica abriendo sus grandes y penetrantes ojos.

Es enserio bebe, pues si te pregunto es porque no tengo la menor idea, pero se me hace conocido.

Boba, ese es el profe Rincón, Sergio Rincón el que nos da la materia Derecho Procesal.

Mis dudas habían sido despejadas, ¨¡Claro! Rincón, el profe elegante!¨ de inmediato lo recordé. Siempre con gabardinas pesadas, zapatos bien lustrados y brillantes, además de una melena perfectamente elaborada. El hombre aparentaba unos 51 años, según algunas canas y arrugas en su piel, pero bien conservado y atlético. Además según chismes de pasillo, el profesor había ganado tantos casos que era muy famoso en los medios de comunicación, además de ser muy solicitado por diferentes universidades, firmas de abogados y personas naturales, quienes pagaban lo que fuese para que este tipo pusiera todo su conocimiento y potencia jurídica a ganar.

En fin, el man era un duro y con una billetera enorme perseguida por muchas chicas lindas de la universidad. Llegaba todos los días al club y se pedía un vaso de Coñac. Una tarde y como era de costumbre llegó Rincón y se dirigió a su esquina favorita del bar. Yo lo perseguí con la mirada y le dije a mi amigo Alejandro que me dejara atenderlo, ya que alejo era el encargado de atender esa zona del bar. Me sentía intrigada ante su mirada, sentía como en muchas ocasiones se quedaba fijamente observándome, pero no estaba segura si ese vistazo era precisamente para mi.

Alejandro accedió ante mi insistencia y acto seguido me dispuse a atender a quién sería mi próximo Sugar Daddy. Afino mi voz que aún guarda pubertad y le pregunto:

Buenas tardes, ¿lo de siempre?-sonrío.

Y ¿cómo sabes qué es lo de siempre?-me pregunta Rincón mostrándome sus enormes y perfectos dientes.

Creo que ya es cliente de este bar y todos sabemos que su trago favorito es el Coñac con hielo-mi voz tiembla ante su fuerte energía sexual.

¡Perfecto! ya que lo sabes porque no te traes dos Coñacs-ahora es él quien sonríe.

¿Dos? quiere comenzar fuerte esta tarde señor-respondo, mientras retiró la carta que sutilmente había puesto sobre la mesa.

Uno para mí y otro para mi acompañante-me mira fijamente.

¡Ah! entiendo, espera usted a alguien más-mi voz se torna sutil y melancólica.

La espero a usted señorita y desde hace mucho-me toma fuerte de mi brazo, estoy paralizada.

A qué se refería exactamente con que ¿me esperaba a mí? no lograba entenderlo y de nuevo le pregunté:

¿A mí?, ¿está seguro que soy yo a quién espera?- quedo ansiosa por una respuesta positiva.

Si a ti, señorita bonita, traete esos Coñacs fríos y dobles, porque la tarde es corta y la conversación larga.

Pero Sergio, yo no puedo tomar en mi lugar de trabajo-tuteo.

¿Quién dice que no? yo veo a tu jefe desde aquí dando su aprobación-señala la barra.

Giro mi cabeza y allí está el muy puto de mi jefe, Ricardo Mejía, alzando su copa en modo de aprobación, quedo aún más atónita. Me dirijo hacia la barra donde se encuentra uno de los barman del lugar y le pido los tragos. Se acerca Ricardo y me dice: ¨hoy tienes la tarde libre, ya pagaron por ella¨ a qué se refería precisamente con que ´pagaron por ella´. Creo que habían pagado era por mi.

Me quito el delantal, me suelto el pelo y sujeto las dos copas de Coñac frío, me siento a su lado y huelo ese delicioso aroma a Giorgio Armani. Se cruza las piernas, mientras abre sus brazos que rodean mi espalda, el corazón se me acelera y él lo nota en mi respiración:

Tranquila que no muerdo- Susurra Ricardo al oído intentando volverme un poco más loca. Sonrío y siento como el calor ha subido de inmediato a mis mejillas. Comienza la charla y me pregunta sobre mi edad, universidad, familia y qué hago para ganarme la vida.

Déjame saber si entendí, ¿estudias derecho en una de las universidades más prestigiosas de la ciudad y te la pagas con el sueldo y las propinas que te ganas aquí? me parece que te quedas corta- Sergio y su interrogatorio incómodo.

Pues hasta el momento he logrado pagar todos los semestres sin ayudas de mis papás y me queda algo para los pasajes.

Una vida incómoda para una jovencita tan bonita como tú,  ¿no crees?-sus ojos brillan cuando termina las últimas dos palabras.

No soy una mujer de grandes lujos, más bien nunca los he tenido-siento como me hundo en el mueble ante su fuerte energía.

¿Y si te hago una propuesta?-es todo un depredador, el juego se torna al cuento de Caperucita Roja.

Depende-respondo con sensualidad.

¿De qué?

De si es decente o indecente-ahora la pelota está en mi cancha.

¿Qué tal si vamos a mi casa, te cocino, nos tomamos una copa de vino y escuchas mi propuesta?

Acepto, y nos dirigimos a su auto.  Muy caballeroso me abre la puerta, perpleja admiro su lujoso carro; no logro distinguir la marca, pero la sensación del cuero combinada con la elegancia de su interior hace que mi vagina palpite a mil por hora. Velocidad y sexo ¡que increíble combinación!. Entramos a un fino apartamento en los Rosales uno de los barrios más selectos de la ciudad de Bogotá. Su hogar en un piso 21 está completo de ventanales que dejan ver la belleza de una capital nocturna. Sergio se pone un delantal y procede a cocinar:

¿Te gusta la pasta queso azul? es una delicia-me pregunta mientras se pasa la lengua por sus labios.

Nunca la he probado, pero suena delicioso- me muerdo los labios, devolviendo su gesto.

No sabía exactamente qué era lo que me atraía de este hombre si su inteligencia, madurez o billetera; quizás la combinación de las tres, pero verlo cocinando había superado cualquier cosa que alguien hubiese hecho por mí. Sentada en uno de sus cómodos muebles de cuero negro y con una copa de vino en la mano lo observaba. Miraba a través del ventanal y veía la imponencia de la capital, al mismo tiempo giraba mi cabeza y lo contemplaba allí mostrándome su arte culinario, hablando del mundo, expresando su inteligencia con profundos pensamientos y en mí no paraba de crecer la excitación por él.

Sergio estaba cambiando mis paradigmas de los hombres mayores. Pensaba que ellos sólo buscaban mujeres jóvenes como yo para tener un rato de sexo loco y devolver un poco de lozanía y mocedad a sus antiguas vidas. Esto era todo lo contrarío, un hombre intentando mostrar su gallardía y masculinidad por medio de un acto tan simple como el de alimentar a una mujer.

Me bebo por completo mi copa de vino, respiro, observo mi presa e imitando a una leona procedo a alimentar mi cuerpo. Lo tomo por la cintura  y él brinca sorprendido, mira por encima del hombro y me dice ¨quieres hablar ahora sobre la propuesta¨ digo que no con mi cabeza mientras mis manos masajean fuerte su pene por encima de la ropa. Se voltea por completo y me besa fuerte, me toma por la cintura y me alza, mientras yo entrelazo las piernas para frotar bien mi vagina contra su miembro. Sube mi cuerpo sobre la barra de mármol que adorna su cocina y allí empieza a quitarme la blusa, entretanto me besa fuerte el cuello. Yo con mis manos le desato el nudo de su delantal de chef y procedo a quitarlo, bajo hasta encontrar la correa, la desato como toda una profesional. Como un cazador hambriento abro su pantalón, meto mi mano entre sus boxer, agarro su lindo y erecto pene. Comienzo fuerte a masturbarlo me llevo mi mano a la boca y saboreo su excitación. Sus gemidos comienzan a ser expulsados.

Su verga completamente deliciosa, la espero expectante hasta el fondo de mi boca, pero él rasga mi camisa, me baja el top y me chupa los pezones, siento que voy hacia la gloria. Me acuesto completa en la barra fría de mármol y el baja mis pantalones por completo siento mis nalgas desnudas contra la gélida baldosa, se acerca y comienza su juego de sexo oral. Mi clítoris estalla en un solo orgasmo con sus movimientos bucales. Una vez siente mi orgasmo en su boca, me levanta, saca un condón de uno de sus bolsillos y me lo entrega. Yo me agacho por completo hasta tener su pene fuerte y venoso frente a mi cara. Saco mi lengua y le doy unos cuantos lengüetazos descontrolados, lo empiezo a masajear y pienso ¨nunca había tenido un pene tan enorme entre mis manos¨, pero ahora lo tendría entre mi boca. Separo mis labios y empiezo a sumergirlo en mi boca, tan profundo como sea posible, lo siento en mi garganta, hago arcadas para que el sienta las vibraciones de mis cuerdas vocales sobre su glande, percibo su excitación en la fuerza de sus manos que aprietan fuerte mi pelo y hace movimientos como si se estuviera masturbando con mi cabeza.

Me toma por el cabello y me levanta por completo, me tira fuerte el pelo hacia atrás y nos sumimos en un profundo beso, mientras tanto yo le pongo el condón con mis dedos, ya quiero que me lo meta. Ahora me gira y me penetra fuerte, mis senos tocan el fuerte mármol, su pene entra profundo y estrecho, siento como toda la carnosidad de mi vagina es explorada por este enorme falo. Siento dolor pero a la vez mucha excitación, aun no logra entender cómo este tipo de dolor puede generar tanta fogosidad en la entrepierna de una mujer. Grito sin pudor y siento como todos los músculos de mi cuerpo se contraen y se relajan a la vez, el se une a mi en un grito incesante y juntos caemos en un fuerte orgasmo.

Yo había sido escogida, mi buen sexo había sido mi victoria, pero cuál era su contrapropuesta esto es algo que él aún no me iba a descifrar.


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1 COMENTARIOS

Nahiara
October 28, 2019 a 22:50

Sin flaquita con atributos grandes para mí edad


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