Antojo de Usted ūüėč Parte I

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"El fin justifica los medios" es la √ļnica frase que recuerdo de filosof√≠a, en realidad no s√© c√≥mo gan√© esa materia ni c√≥mo pas√©¬† el semestre. Pero el fin era graduarme y el medio fue el profesor de teor√≠as, cosa que no describir√© aqu√≠. Esa frase la invent√≥ un tal Maquiamelo o alguien parecido, igual tampoco importa, en esta situaci√≥n yo la adopt√© como mi lema de vida y es la excusa perfecta para narrar esta historia de autopromoci√≥n. Mi empresa se llama "Antojo de usted", no necesito decir que es exitosa ni de qu√© se trata, porque en el bajo mundo de la seducci√≥n y el sexo sin l√≠mites ya todos la conocen. Mejor contar√© c√≥mo surgi√≥ la idea luego de conocerlo a √©l.


En un principio √©l era simplemente "√©l", sin nombre, sin importancia. Yo acababa de graduarme de la U y no ten√≠a idea de qu√© hacer con mi vida, nada me gustaba y no quer√≠a estudiar una especializaci√≥n o maestr√≠a para simplemente complacer a mis padres. Prefer√≠ tomar todo el tiempo necesario antes de buscar un rumbo seguro. Mientras lo hac√≠a, mi padre me obligaba a trabajar en su caf√©. Manejaba la caja, atend√≠a a los clientes, tambi√©n lavaba los ba√Īos y hac√≠a aseo general, contestaba llamadas, enviaba domicilios. Mejor dicho, hac√≠a todo. Era una esclava. Estaba en una c√°rcel. Hasta que lo vi a √©l.


En varias ocasiones lo hab√≠a visto, en la semana iba dos o tres veces a tomar el mismo caf√© oscuro, casi siempre iba con acompa√Īantes diferentes, y por su atuendo encorbatado, deduje que era abogado y que su oficina quedaba cerca. Confieso que "√©l" no me parec√≠a la gran cosa, bastante mayor, f√°cilmente podr√≠a ser mi padre, casi hasta mi abuelo, y no lo ve√≠a atractivo.


Todo cambi√≥ un domingo. "No hay mal que por bien no venga" es una frase t√≠pica de las abuelas de mi regi√≥n. El mal fue que una de las empleadas se enferm√≥ ese d√≠a, el bien que yo tuve que sacrificar mi d√≠a de descanso, y lo vi a √©l. No tra√≠a corbata, vest√≠a un traje negro de ciclismo y ven√≠a acompa√Īado de un chico, supuse que era su hijo, o tal vez su nieto. No tra√≠a lentes, se quit√≥ el casco y su pelo canoso sudado salt√≥ libre y le dio otro toque de juventud. Las piernas peludas y el jersey pegado a su pecho mostraban que a pesar de su aparente edad, ten√≠a un cuerpo bien cuidado que a√ļn conservaba sus funciones.


Dejaron las bicicletas en el antejard√≠n y entraron, casi siempre eleg√≠a la misma mesa de la esquina mirando hacia la calle, esa vez no fue la excepci√≥n. Entonces supe que lo deseaba y maldije tantos d√≠as que lo estuve ignorando. En un mundo de posibilidades infinitas la rueda de la fortuna gira al frente de nosotros y el destino nos lanza una moneda. Es nuestro deber estar atentos a las se√Īales y reaccionar. No era amor, porque esa insignificancia hace parte del azar. Era deseo, y yo hab√≠a comprado todos los boletos.


Ese fue el día de la fijación. Todos lo han sentido. Es un momento en el que la perspectiva cambia y toda tu vida se vuelca en torno al de la otra persona. Tomé la decisión. Ya no necesitaba estudiar una posgrado, él sería mi prueba mayor. Quería seducirlo, lamer su frente, posar mi cabello sobre su cabeza, y cogerle la otra con mis dos manos.

Continuar√°...





 

 

Alejandro Serna, Escritor.

Autor de "El amor no es como lo pintan" (2015), "Vive mientras puedas" (2017) "La chica del sombrero" (20219) "Un café en El Infierno" (2020).

Sus artículos censurados aparecen en su blog https://alejoserna.wordpress.com.

Lo encuentras en redes como: @alejosernaescritor

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