Un Rapidito en el Ba√Īo ūüí®

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Un fuerte escalofrío siento recorrer mi espina dorsal, creo que no es un escalofrío es una sensación orgásmica que pasa por mi cuerpo cada vez que escucho sus tacones caminar. Como todos los días a las 8 am llega ella entonando sus decididos tacones. Yo de frente al corredor mirando la pantalla de mi portátil veo como contonea sus caderas, como a cada paso firme su cabello lacio va de un lado a otro haciéndole par a su cintura, una pícara sonrisa que saluda a todos en la oficina, su simpatía y calidez hacen que todos en el trabajo la amen, pero yo quería ir más allá.

 

Siempre soy qui√©n cierra la oficina, veo como uno a uno van saliendo de sus agotadoras y jodidas rutinas, pero esa noche alguien no quer√≠a moverse de su puesto. La miro por encima de mis gafas imitaci√≥n Rayban y sigue ah√≠ tan ocupada. Ella no me determina, soy un fantasma por completo. Yo soy todo un ¬īnerd¬ī, un Ingeniero de Sistemas con gafas de aumento y pubertad tard√≠a, esa misma que se marca mi cara y en la gran erecci√≥n que tengo ahora mismo.

 

La noto maquill√°ndose un poco en su mesa de trabajo, se acomoda el pelo y se levanta, lleva puesto un vestido negro pegado hasta mas abajo de sus rodillas, respiro y de repente le digo:

¬ŅQuieres rosquillas? yo y mi ¬īespecialista en seducci√≥n que llevo dentro¬ī.

¬°Claro, me cantan las rosquillas!

 

No sab√≠a muy bien a qu√© se deb√≠a su respuesta, si a su derroche de simpat√≠a, a la pena que yo le causaba o si de verdad ten√≠a gusto por las rosquillas. La veo caminando hac√≠a mi y me estira la mano, veo sus u√Īas largas, rectas y con un tono en rojo que le hacen juego con su boca.

 

D√°melas pues, me grita ella.

¬ŅQu√© quieres que te d√©? respondo con un rid√≠culo entusiasmo.

 

Se queda mir√°ndome y sus ojos se tornan salvajes:

quería rosquillas, pero ahora quiero otra cosa.

 

De un salto la tengo sobre mi, en mi silla reclinable, me toma la cara y me besa fuerte y con rabia, yo sentía el deseo que llevaba en su interior como si hace mucho estuviera esperando por mi. La levanto con su cintura entre mis brazos y de un tirón le subo hacia sus senos aquel vestido negro, veo como rebotan unos senos metidos dentro de un encaje negro, mi pene esta a punto de estallar en mi pantalón, la tomo por sus nalgas y la subo a mi escritorio:

Está muy frío, dice ella.

Pronto estará caliente, respondo con mi respiración entrecortada por la excitación.

Pero quiero que me lo hagas en el ba√Īo, me dice con un tono dulce al oido.

 

De nuevo la monto en mi cintura y la llevo hacia el ba√Īo de mujeres me parece un lugar m√°s aseado y c√≥modo para mi ¬īcompa√Īera de trabajo¬ī, la bajo de nuevo en el lavamanos e inesperadamente se quita por completo el vestido, su ropa interior de encaje me hace enloquecer, la quiero toda m√≠a, el calor en el ba√Īo ha dejado empa√Īado el espejo, me corta la vista de sus grandes nalgas.

 

Se gira por completo y veo ese hermoso corazón adornado por un hilo dental negro, ya no aguanto más, siento que estoy a punto de estallar sobre sus nalgas, me desabrocho el pantalón y me bajo mis boxer, le meto una mano en su entrepierna y busco su clítoris; en círculos comienzo a darle placer para que lubrique y no sienta tan fuerte mi embestida, pero su vagina ya está bastante mojada. Sin culpa y con dolor la penetro fuerte y hasta el fondo, la tomo por el pelo y su cuello gira hacia mi quedando su espalda totalmente arqueada; continuo mi embestida y la escucho como susurra ¨pégame en las nalgas¨ mi ritmo se vuelve frenético y mis pulsaciones van subiendo, siento sus piernas como tiemblan, !sé que lo estoy haciendo bien! grita fuerte y siento como baja un fuerte orgasmo por sus muslos y al mismo tiempo comienza a subir un fuerte cosquilleo por mi abdomen, grito para mostrar mi hombría y siento como un líquido estalla en mi mano. 

 

Se lava las manos, se tira un poco de agua en la cara, se acomoda el vestido y se organiza el cabello, sus mejillas rojas muestran toda la acción que acabamos de tener, me dice:

Haces unas ¬īrosquillas¬ī deliciosas que interesante compa√Īero de trabajo tengo.

¬°Cuando quieras! s√© hacer otras m√°s ricas a√ļn, respondo con seguridad.

 

Desde aquel d√≠a jugamos a ser ¬īamantes laborales¬ī¬† hemos recorrido cada rinc√≥n de la compa√Ī√≠a, no hay tarde en que ella no quiera comer mis ricas ¬īrosquillas¬ī y que yo no se las quiera meter. Hombres recuerden siempre que las mujeres deben ser tratadas como unas princesas, pero en ocasiones ellas quieren que cambies ese rol y la trates como una actriz porno, que ella decida.

 

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