Salvaje escapada para un rapidin en el baño

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Tipo de intereses: Historias 🔥

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Un fuerte escalofrío siento recorrer mi espina dorsal, creo que no es un escalofrío es una sensación orgásmica que pasa por mi cuerpo cada vez que escucho sus tacones caminar. Como todos los días a las 8 am llega ella entonando sus decididos tacones. Yo de frente al corredor mirando la pantalla de mi portátil veo como contonea sus caderas, como a cada paso firme su cabello lacio va de un lado a otro haciéndole par a su cintura, una pícara sonrisa que saluda a todos en la oficina, su simpatía y calidez hacen que todos en el trabajo la amen, pero yo quería ir más allá.

 

Siempre soy quién cierra la oficina, veo como uno a uno van saliendo de sus agotadoras y jodidas rutinas, pero esa noche alguien no quería moverse de su puesto. La miro por encima de mis gafas imitación Rayban y sigue ahí tan ocupada. Ella no me determina, soy un fantasma por completo. Yo soy todo un ´nerd´, un Ingeniero de Sistemas con gafas de aumento y pubertad tardía, esa misma que se marca mi cara y en la gran erección que tengo ahora mismo.

 

La noto maquillándose un poco en su mesa de trabajo, se acomoda el pelo y se levanta, lleva puesto un vestido negro pegado hasta mas abajo de sus rodillas, respiro y de repente le digo:

¿Quieres rosquillas? yo y mi ´especialista en seducción que llevo dentro´.

¡Claro, me cantan las rosquillas!

 

No sabía muy bien a qué se debía su respuesta, si a su derroche de simpatía, a la pena que yo le causaba o si de verdad tenía gusto por las rosquillas. La veo caminando hacía mi y me estira la mano, veo sus uñas largas, rectas y con un tono en rojo que le hacen juego con su boca.

 

Dámelas pues, me grita ella.

¿Qué quieres que te dé? respondo con un ridículo entusiasmo.

 

Se queda mirándome y sus ojos se tornan salvajes:

quería rosquillas, pero ahora quiero otra cosa.

 

De un salto la tengo sobre mi, en mi silla reclinable, me toma la cara y me besa fuerte y con rabia, yo sentía el deseo que llevaba en su interior como si hace mucho estuviera esperando por mi. La levanto con su cintura entre mis brazos y de un tirón le subo hacia sus senos aquel vestido negro, veo como rebotan unos senos metidos dentro de un encaje negro, mi pene esta a punto de estallar en mi pantalón, la tomo por sus nalgas y la subo a mi escritorio:

Está muy frío, dice ella.

Pronto estará caliente, respondo con mi respiración entrecortada por la excitación.

Pero quiero que me lo hagas en el baño, me dice con un tono dulce al oido.

 

De nuevo la monto en mi cintura y la llevo hacia el baño de mujeres me parece un lugar más aseado y cómodo para mi ´compañera de trabajo´, la bajo de nuevo en el lavamanos e inesperadamente se quita por completo el vestido, su ropa interior de encaje me hace enloquecer, la quiero toda mía, el calor en el baño ha dejado empañado el espejo, me corta la vista de sus grandes nalgas.

 

Se gira por completo y veo ese hermoso corazón adornado por un hilo dental negro, ya no aguanto más, siento que estoy a punto de estallar sobre sus nalgas, me desabrocho el pantalón y me bajo mis boxer, le meto una mano en su entrepierna y busco su clítoris; en círculos comienzo a darle placer para que lubrique y no sienta tan fuerte mi embestida, pero su vagina ya está bastante mojada. Sin culpa y con dolor la penetro fuerte y hasta el fondo, la tomo por el pelo y su cuello gira hacia mi quedando su espalda totalmente arqueada; continuo mi embestida y la escucho como susurra ¨pégame en las nalgas¨ mi ritmo se vuelve frenético y mis pulsaciones van subiendo, siento sus piernas como tiemblan, !sé que lo estoy haciendo bien! grita fuerte y siento como baja un fuerte orgasmo por sus muslos y al mismo tiempo comienza a subir un fuerte cosquilleo por mi abdomen, grito para mostrar mi hombría y siento como un líquido estalla en mi mano. 

 

Se lava las manos, se tira un poco de agua en la cara, se acomoda el vestido y se organiza el cabello, sus mejillas rojas muestran toda la acción que acabamos de tener, me dice:

Haces unas ´rosquillas´ deliciosas que interesante compañero de trabajo tengo.

¡Cuando quieras! sé hacer otras más ricas aún, respondo con seguridad.

 

Desde aquel día jugamos a ser ´amantes laborales´  hemos recorrido cada rincón de la compañía, no hay tarde en que ella no quiera comer mis ricas ´rosquillas´ y que yo no se las quiera meter. Hombres recuerden siempre que las mujeres deben ser tratadas como unas princesas, pero en ocasiones ellas quieren que cambies ese rol y la trates como una actriz porno, que ella decida.

 

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